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Memorias del general Escobar (José Luis Madrid, 1984) Memorias del general Escobar cae en todas las trampas del cine hagiográfico, con el plus de escoger como protagonista a una figura que pretende contentar a tirios y troyanos. Los capítulos de ambientación -hablar de dirección artistica sería una temeridad-, fotografía y mezclas de sonido, bajo mínimos. Es difícil juzgar las interpretaciones a tenor de los diálogos con los que deben lidiar los actores.
Mariona Rebull (José Luis Sáenz de Heredia, 1947) Un melodrama en toda regla que adapta las dos primeras novelas que escribió Agustí sobre la Barcelona industrial y las luchas obreras de finales del XIX y principios del XX. Dada la ideología de Sáenz de Heredia no hace falta decir quiénes son los malos. Lo curioso es que toma como héroe a Joaquín Rius (José María Seoane), un tipo indeciso e incapaz de amar que parece empujar a Mariona (Blanca de Silos) al adulterio con un villano de lujo interpretado por Tomás Blanco. La escena de la bomba en el Liceo ha pasado con toda justicia a las antologías del cine español de los cuarenta.
Deprisa, deprisa (Carlos Saura, 1980) Parece que Saura hubiera decidido volver al modo urgente de afrontar la realidad que le había impulsado a rodar Los golfos. Claro que, desde entonces, han pasado veinte años de carrera junto a Querejeta y de cine metafórico y de ramalazos buñuelescos. Sin embargo, Saura se esfuerza en dejar de lado el subjuntivo y narrar en presente de indicativo. Buena parte de su mejor cine se conjuga así: Los golfos, Deprisa, deprisa, El séptimo día... Otras veces -Dispara- la fórmula no termina de funcionar.
Arrebato (Iván Zulueta, 1979) Arrebato es más una película de texturas y de ritmos que un relato. La fascinación está ahí o no está, como en el álbum de cromos de Las minas del rey Salomón que Pedro le muestra a José Sirgado. Como narración convencional siempre se quedará corta: los incidentes son mínimos y progresan hacia un punto en el que algunos hallarán el misterio en estado puro y otros el más puro vacío. Zulueta es un enorme cineasta, sobre todo en subformatos como el súper8 y el 16mm. Probablemente ayude a "abrir la lata" el acecarse a ella desde este ángulo, como si un montón de experimentos y piezas previas y [...]
Sabían demasiado (Pedro Lazaga, 1962) Sabían demasiado es una parodia, chez Lazaga, de las películas de gánsteres, en la línea de las coetáneas Atraco a las tres y La cuadrilla de los once. O sea, confrontar el mundo de Los tramposos con el modelo estadounidense. De la colisión surge un humor que no siempre funciona a pleno rendimiento. Como es habitual en estos casos, reparto de lujo con Isbert de abuelo Cebolleta secuestrado.
El invierno en Lisboa (José Antonioz Zorrilla, 1991) A pesar de contar con parecidos mimbres, Zorrilla no estuvo en El invierno en Lisboa tan fino como en El arreglo (1983). Lo que en su película de debut había de aguafuerte de la pervivencia del aparato represivo franquista en la recien estrenada democracía, se resolvía en ésta en recreación de ambientes sin que la intriga terminase nunca de interesar.
Mare Nostrum (Rafael Gil, 1948) Mare Nostrum es una adaptación a la II Guerra Mundial de la novela de Blasco Ibáñez que ya había llevado al cine Rex Ingram. La Félix cumple con su papel de espía internacional como antes lo hicieran Garbo y Dietrich, pero Gil -excelente por otra parte en registros que le son más afines- no es Sterbberg. Eso sí, España empieza a resituarse al colocarse el capitán del Mare Nóstrum del lado de los aliados, en un momento -1948- en que el aislamiento internacional es total.
La noche del sábado (Rafael Gil, 1950) María Félix encarna a una muchacha italiana que ayuda a la economía familiar bailando en el local que regenta su padre (Manuel Kayser). Cuando las cosas se ponen feas el padre envía a su hija directamente a que traiga un jornal a casa “haciendo la calle”. De alguno de estos encuentros casuales nació una niña llamada Donina que poco importa a la ambiciosa joven. Quiere la casualidad que esa noche se encuentre con un artista (José María Seoane) que, además de enamorarse perdidamente de ella, esculpe una bellísima escultura de la que se encapricha su amigo, el príncipe Florencio (Manuel Fábregas). Imperia, que así ha decidido [...]
La casa de la Troya (Rafael Gil, 1959) Ésta es la cuarta adaptación de la célebre novela estudiantil de Alejandro Pérez Lugín. Es curioso que tratándose de un melodrama en toda regla, Arturo Fernández cifrara en esta película su primer contacto con la alta comedia. Argumentaba él que al desarrollarse en un ambiente juvenil y alegre, el balance se decantaba de ese lado. Gil lo llamo a raíz de su interpretación en Un vaso de whisky, de Julio Coll, y esto supuso, según él mismo, su salida del circuito barcelonés y su integración en la industria madrileña, aunque siguiera teniendo un pie puesto en Cataluña.
El hombre que se quiso matar (Rafael Gil, 1942) El hombre que se quiso matar (Rafael Gil, 1970) El hombre que se quiso matar y Huella de luz conforman un bloque continuo que materializa en España una larga tradición de comedia americana, enriquecida por un realismo crítico que llega hasta los límites permitidos en la primera posguerra. Ambas muestran ecos más que evidentes del cine de King Vidor, uno de los realizadores más admirados por Gil, que las clasifica como películas de “ternura levemente satírica” . El enchufismo, la escasez, la explotación de las clases dominantes o la imposibilidad del ascenso social son expuestos por un personaje como el Federico Solá en El hombre que se quiso matar, [...]
... y al tercer año resucitó (Rafael Gil, 1980) El tejerazo tuvo también su caldo de cultivo literario y cinematográfico. Fernando Vizcaíno Casas y Rafael Gil facturaron al alimón media docena de películas en plena Transición en las que el éxito de taquilla refrendaba que el pasado podía estar enterrado y bien enterrado pero que la nostalgia y el humor podían ser armas al servicio de una ideología. … y al tercer año resucitó pretende ser un fresco de la Transición española articulado mediante una serie de viñetas satíricas sin más continuidad que la proximidad de la celebración en la Plaza de Oriente madrileña del tercer [...]
A la legión le gustan las mujeres (… y a las mujeres les gusta la legión) (Rafael Gil, 1975) Convencido de que “España tiene una fibra heroíca y la legión es símbolo de heroísmo”, Rafael Gil da a luz Novios de la muerte (1974) que obtiene un razonable éxito de público en el año de su estreno. Para rentabilizar el filón, se embarca inmediatamente en una nueva historia a mayor gloria de la patriótica virilidad de los caballeros legionarios, cuyo guión pergeñan el falangista Rafael García Serrano y el prolífico Rafael J. Salvia. En plena Guerra Civil cuatro legionarios -el orondo Ricardo Palacios, Luis Varela, Manolo Codeso y Paco Cecilio- se hacen [...]
No habrá paz para los malvados (Enrique Urbizu, 2011) Segunda edición de La caja 507. Lo más flojo: la trama de la investigación judicial, innecesariamente prolija. Lo mejor: acertadísimo el detalle de prescindir de cualquier complicación amorosa. Muy siegeliana y rodada primorosamente.
El camino de Babel (Jerónimo Mihura, 1945) El camino de Babel es una película escrita, producida y preparada por Sáenz de Heredía, que le pasó los trastos in extremis a Jerónimo Mihura. Se trata de una comedia de carácter episódico, buen exponente de la veta fernandezfloreciana del cine español de los cuarenta, aunque don Wenceslao no interviniera en este título. La dirección de Jerónimo, hermano mayor de Miguel, segura y al servicio de un reparto excepcional. A destacar, la belleza cosmopolita de Mary Lamar y Guillermina Grin.
La condesa María (Gonzalo Delgrás, 1942) La versión de La condesa María de 1942 pone al día el argumento de la versión muda de Perojo. En ésta el hijo de la condesa podría haber muerto en la guerra de Marruecos y en la de Delgrás en las estepas rusas, luchando con la División Azul. Al margen de las circunstancias históricas, la nueva versión peca de exceso de teatralidad en su concepción. Delgrás, que demostró buena mano en estos años para la comedia romántica, se encuentra un poco perdido - en este melodrama que sólo se habría salvado tirando por su lado pirandelliano.
Siete mil días juntos (Fernando Fernán-Gómez, 1994) Las concomitancias argumentales de esta película de Fernando Fernán-Gómez, con El esqueleto de la señora Morales (1959), de Rogelio A. González, son más que notables. Claro, que tras los guiones de ambas está Luis Alcoriza. Para el clásico de la comedia negra mexicana hizo el guión a partir de un relato de Arthur Machen; en la película de Fernán-Gómez Javier García Mauriño y Fernando Morales escribieron el primer guión de un argumento póstumo. En ambas historias un marido es tiranizado por una esposa ruin que hace pasar ante sus vecinos su mezquindad por martirio. En los dos casos, el marido [...]
Manuela (Gonzalo García Pelayo, 1975) Destaca su escena de apertura, con Charo López vestida de rojo zapateando sobre la tumba del cacique en un cementerio, toda una metáfora de las aspiraciones de una Andalucía que a la altura de 1975 aún creía posible la reforma agraria. La selección musical -Triana, Lole y Manuel...- proviene de Gong, el sello que García Pelayo dirigía en Movieplay, lo cual ayuda a situar la película en un momento concreto de la historia de España.
El espontáneo (Jorge Grau, 1963) A partir de las andanzas de un botones de hotel, Grau orquesta una construcción episódica en la que alternan los momentos humorísticos con la mirada crítica a la realidad española. La película tiene algunos fragmentos en color.
Crimen imperfecto (Fernando Fernán-Gómez, 1970) Salomón y Torcuato son dos detectives inútiles que deben resolver el asesinato de su propio cliente y la desaparición del cadáver. Referencias verbales al Superagente 86 y visuales a los tebeos de Bruguera en general y a Mortadelo y Filemón en particular. Fernán-Gómez olvida los "apartes" teatrales que forman parte consustancial de su modo de narrar y se decanta por viñetas y onomatopeyas de naturaleza pop. Un divertimento que se ciñe estricatamente a las expectativas que crea.