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El fantasma y doña Juanita (1945) contada por: Circo Méliès

Sobre la película

El fantasma y doña Juanita

ESPAÑA, 1945
IDIOMAS: Español | 73 min. | Blanco / Negro | 1,37:1 Normal

DIRECCIÓN: Rafael Gil
PRODUCCIÓN: Cifesa (España)
INTÉRPRETES: Antonio Casal, Mary Delgado, Alberto Romea, Camino Garrigó, Juan Espantaleón, Casimiro Hurtado, José Calle, Juan Calvo, Fernando Fresno, José Jaspe, Enrique Herreros, Milagros Leal, José Isbert, María Cañete, Félix Fernández, José Franco, José Ramón Giner, Julio Infiesta, Mariana Larrabeiti
GUIÓN: Rafael Gil
ARGUMENTO: del Romance del fantasma y doña Juanita, de de José María Pemán
FOTOGRAFÍA: Michel Kelber
MÚSICA: Juan Quintero

SINOPSIS:

El payaso de un circo se hace pasar por contable para poder cortejar a una muchacha de la pequeña ciudad de provincias donde se ha instalado la carpa.

GÉNERO: Comedia Novela Romantica,Drama



CONTADA POR:
Circo Méliès
Especialistas en cine circense y de variedades.

Blog

El fantasma y doña Juanita (1945)

Por Circo Méliès - De qué va ... - 15/11/2013

El fantasma y doña Juanita (Rafael Gil, 1945)

Media un abismo entre las primeras películas dirigidas por Rafael Gil y las últimas. En ambas épocas, que coinciden con el primer franquismo y la transición, cultiva la adaptación literaria –y personal- de obras de humoristas. Pero en tanto que los inspiradores de su primera etapa son Wenceslao Fernández Flórez, Enrique Jardiel Poncela o José Santugini, la última está marcada por el sarcasmo rancio de Fernando Vizcaíno Casas. Por eso desentona un poco en aquella primera etapa luminosa y razonablemente crítica la versión de una obra de José María Pemán. Gil rueda éste, su séptimo largometraje en un plazo de tres años, durante el verano de 1944, con exteriores en Alcalá de Henares. Bajo las disciplina de la entonces todopoderosa productora valenciana Cifesa –“la antorcha de los éxitos” era su lema- Gil emprende la adaptación de la novela lírica del dramaturgo gaditano “Romance del fantasma y doña Juanita”. Lo que en la narración era, según indica el título, un romance poético, en la película se convierte en una narración ensoñadora en que la misma mujer cumple en el presente el amor que para su abuela fue imposible colmar en el pasado.
blog El fantasma y doña Juanita
Como en casi todas sus películas de este periodo, Gil tenía el proyecto desde antes de la Guerra Civil, cuando ejercía de crítico en la revista especializada de filiación comunista -¡cosas veredes!- "Nuestro Cinema". Escribirá años después: “Yo había soñado (…) con la ternura de la muchacha dormida en el remanso de la ciudad provinciana, con la nostálgica aventura del circo que pasa”. La ubicación de la acción a finales del siglo XIX permite al director entregarse sin pudor a este ejercicio de nostalgia confesa.

El payaso que se hace pasar por contable del circo para no contrariar la seriedad del padre de su amada, muere heroicamente durante el incendio del circo y es enterrado anónimamente, rezuma tópico por los cuatro costados, pero Gil se las apaña bastante bien con sus actores habituales –Antonio Casal, Mary Delgado, Alberto Romea, Juan Espantaleón, Camino Garrigó, José Isbert, Juan Calvo…- para que el humor no resulte del todo ahogado bajo la costra del lirismo más evidente. No quiere uno, sin embargo, centrarse hoy en los protagonistas, sino en un secundario de lujo: el dibujante, montañero, fotógrafo y portadista de “La Codorniz”, Enrique Herreros.

En El fantasma y doña Juanita es donde reconoce Herreros haber cobrado más. Probablemente porque su papel tiene más de una sesión, ya que forma parte de la troupe del Circo Alegría. Herreros es el Mago del Tíbet, con un mostacho de largas guías caídas, al modo de Fu-Manchú, un turbante inmenso y un gesto continuo de fastidio que se traduce en los brazos cruzados y una mirada displicente por encima del hombro. Podemos verle en la parada inicial y hacer una presentación en la pasarela, sacando de un trombón una sombrilla abierta. Cuando se luce, no obstante, es la noche en que el payaso Tony (Antonio Casal) va de desastre en desastre. Intentando huir del dueño del circo (Juan Espantaléon) escapa a través del cajón del mago y el jefe de pista se queda atrapado en su interior en el momento en que el Mago del Tíbet va a realizar su sensacional número de desaparición. La trapisonda que monta el público al comprobar que “la bella y escultural Zulima” no ha desaparecido sino que se ha transformado en el orondo Espantaléon, provocan de nuevo la ira contenida del mago.

La actuación, como otras de Herreros, funciona en un único registro, no admite matiz ni evolución. Pero hay que reconocer que su eficacia cómica brilla en esta y otras películas a la altura de profesionales como Joaquín Roa o José Ramón Giner.

Circo Méliès

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