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María Candelaria (Emilio Fernández, 1943)
Dolores del Río regresa a su México natal en 1943, después de casi veinte años de estrellato en Hollywood. Protagoniza entonces Flor silvestre, junto a Pedro Armendáriz, bajo la dirección del Indio Fernández y con fotografía de Gabriel Figueroa. El éxito de esta cinta lleva al equipo a repetir la jugada con María Candelaria... Cosas de la manufactura en serie.

María Candelaria es una piedra básica en la construcción del mito indigenista por parte del Indio Fernández. Una pareja incontaminada por la civilización, más allá de la leve pátina de devoción religiosa que se hermana con la superstición, vive la tragedia de los que nada tienen, salvo su amor. Viven en Xochimilco, como quien dice el Jardín del Edén, con una cerdita que es toda su fortuna y rodeados de las flores que María Candelaria podría vender... si no fuera porque una maldición pesa sobre ella. Su madre fue una "mujer de la calle" y el pueblo, prejuicioso, piensa que de tal palo, tal astilla.
Cuatro hombres se disputan a María Candelaria: su hombre, Lorenzo Rafael (Pedro Armendáriz), cifra del amor puro capaz de renunciar a la propia vida y a la libertad por la amada; el comprensivo cura (Rafael Icardo), más preocupado por la salvación de su alma; el lujurioso don Damián (Miguel Inclán), capaz de cualquier felonía con tal de poseerla; y el célebre pintor capitalino (Alberto Galán), que inmortalizará su belleza purísima... y con ello firmará una sentencia de muerte.
Decíamos que María Candelaria sirve a la construcción del mito indigenista y es este último personaje el que asume el papel de demiurgo, vicario del propio director. La historia narrada es la del cuadro que pintó en el pasado y que nunca ha querido mostrar a nadie. Una estudiante de arte le pide en el prólogo de la cinta conocer el secreto. Antes, sus colegas le han preguntado al maestro cuáles son "sus temas" y éste ha contestado altivo que él no pinta "temas", pinta su propia vida. Durante la entrevista está abocetando un cuadro en el que se perfila la simetría entre una india y un ídolo precolombino. El pintor mantiene la herida del pasado abierta. Aún no ha comprendido que su intervención paternalista sólo conduce a la tragedia.
Por lo demás, el argumento, el encarcelamiento del hombre, la lapidación final, proceden todos de Janitzio (Carlos Navarro, 1934), protagonizada por el Indio Fernández una década atrás. Éste volvería sobre el mismo tema en La perla (1945) y Maclovia (1948).